miércoles, 25 de febrero de 2009

Historia del abuelo "Viruta".Capítulo IX.Peña taurina Juan Antonio Romero "Ciclón de Jerez".


Peña taurina Juan Antonio Romero "Ciclón de Jerez".




En la foto superior el carnet de la peña taurina José Antonio Romero expedido a mi abuelo con el número 133 en Mayo de 1957. Abajo en la foto el torero y titular de la peña en una foto dedicada a mi tía Consuelo siendo una de las mas fieles seguidoras del torero jerezano apodado "Ciclón de Jerez".





Creo que nunca mi abuelo José pensó que su afición por los toros que durante tantos años compartió con su hija primogénita, iba ha extinguirse en la familia con el paso del tiempo.Puedo afirmar con toda seguridad que casi nadie de mi generación ha heredado en su sangre el gusto por las tardes de paseillo y de "grana y oro".El tiempo en que los poetas y cupletistas cantaban a la fiesta nacional ha pasado y aunque si bien es cierto que existen muchos seguidores taurínos he de decir que personalmente no me encuentro entre ellos ó éso es lo que creo.Y digo creo porque existe algo en todo éste asunto de los toros que me susurra al oído que en parte tienen razón los que hablan de él como un arte que no se debería de perder...



Arriba en la foto mi abuelo José (de pie a la derecha del todo) celebrando el triunfo de Juan Antonio Romero en su gira por Colombia , a su vuelta a Jerez ( el torero el tercero de pie por la izquierda). .Abajo el teletipo enviado a los peñístas antes de la llegada del "Ciclón de Jerez" de sudamérica el 28 de Febrero de 1958.



De todos los buenos aficionados (entre los que no me encuentro) es sabido que si en mi Jerez ha habido un verdadero "Ciclón" taurino, por méritos e historia fué Juan Antonio Romero (aunque dicho apodo lo haya recuperado el torero jerezano Juan José Padilla en la actualidad).




Juan Antonio Romero "Ciclón de Jerez" nació el 29 diciembre 1932. La infancia de Juan Antonio, cuyos padres ejercen la carrera de Magisterio, es la de cualquier niño apegado a sus estudios, hasta que en su primera juventud el mundo del toro irrumpiría en su vida abandonando sus estudios en el tercer año de bachillerato.La primera experiencia taurina se produce en la primavera de 1948 en un tentadero que se celebra en los pagos de la dehesa “La Catalana” donde Juan Antonio se “enfrenta” a la cara una erala de D. Daniel Salas.El día 8 de mayo 1951 viste por primera de luces, matando un becerro en la parte seria del espectáculo cómico taurino El Empastre.



A pesar de haber iniciado sus pasos en el mundo de los toros desde edad tan temprana, su debut con picadores llegaría más tarde de lo normal. Había tenido que luchar mucho y rodar por las capeas. El 11 de abril de 1954 se presenta con picadores en Madrid en la plaza de Vista Alegre, Los novillos son de Juan Belmonte y el que abre plaza hiere en la cara a Rafael Pedrosa, quedando en un mano a mano con Celestino Hernández “Chuli” dejando un buen sabor. Esta temporada de 1954, Juan Antonio Romero torea dieciséis novilladas de las que sale a hombro en trece y pierde seis por diversos percances. El balance final es de treinta y tres orejas y siete rabos.Un crítico taurino lo define: "por su entrega, toreaba de rodillas, hacía desplantes... en fin, era como un ciclón". Y claro al final se le quedó lo de El Ciclón de Jerez.



En Jerez torea el 10 de mayo de 1955 teniendo como compañero a Paco Corpas y Pepe Barroso. Aquél día cortó dos orejas y salió a hombros. Empieza a destacar como un gran banderillero, que a la postre será uno de los aspectos más importantes por el que será recordado en el futuro. El 29 de junio se presenta en Madrid y aunque solo corta orejas al no rematar con la espada, obtiene un importante triunfo.




El 17 de julio se puede considerar una fecha histórica e irrepetible en los anales taurinos. Toreó por la mañana en San Fernando, una novillada de Baldomero Sánchez. Alternaron Chano Rodríguez, Juan Antonio y El Pío. A las cinco en Jerez toreó una novillada de José Belmonte, la toreó Joselito Huerta, Juan Antonio y El Pío. A las once de la noche en Cádiz, Chano Rodríguez, Juan Antonio y Joselito Huerta una novillada de José Escobar. Cortó Juan Antonio doce orejas, cuatro rabos y una pata. El vestido fue el mismo, no se lo cambió. Era un terno grana y oro.El día de san Dionisio, se celebra en Jerez una novillada en la que junto a Juan Antonio Romero intervinieron Gregorio Sánchez y el Pio, cortando el diestro jerezano dos orejas y rabo y en unión de Gregorio Sánchez es paseado a hombros.


Algunas instantáneas de la Peña de la calle Bizcocheros.Arriba una foto de Juan Antonio junto a su padrino Don Ignacio Fernández (el cual diserta junto a los peñistas en la otra foto superior). Abajo el abuelo "Viruta" sentado en el centro.Se puede observar al torero pintado en la pared junto al estoque y las banderillas.En la otra foto de abajo (el quinto por la izquierda) conversando con el apoderado de Juan Antonio Romero.



Termina la temporada con cuarenta y nueve festejos en su haber y setenta y seis orejas, diecinueve rabos y tres patas cortadas, ocupando el primer puesto del escalafón en cuanto a trofeos. Salió a hombros en veintiocho ocasiones.

Arriba Cartel anunciador corridas de toros en la XX fiesta de la Vendimia y del Vino de Jerez del año 1967.


Por todas las plazas donde pasó dejó buen cartel. Juan Antonio se había convertido en un personaje de masas. En sus actuaciones se había convertido en las plazas cercanas a jerez se podían contar por miles sus seguidores.Entre los más fervorosos y miembro de la Peña de Juan Antonio mi abuelo José y mi tía Consuelo y su novio Pepe Ruiz.Los medios de comunicación, autobuses y trenes, no eran suficientes para trasladar a tantos jerezanos. Se tenían que establecer trenes especiales, para garantizar la demanda de la afición.


Arriba mi abuelo (el segundo de la izquierda)posando en un almuerzo junto a los peñistas.En la fotografía de abajo Juan Antonio Romero junto a su apoderado y su padre Don Antonio Romero.




El domingo 26 de agosto de 1956, Juan Antonio Romero tomó la alternativa en el Puerto de Santa María con toros de Marqués de Domecq. Como padrino actuó Miguel Báez Litri, como testigo Antonio Ordoñez. El toro de la alternativa fue Dedalito.Juan Antonio Romero estuvo algunos años como matador, demostrando su buenhacer en las mejores plazas y en las ferias más importantes. Sin embargo, la suerte le fué esquiva y tuvo que coger los palos y hacerse banderillero. Estuvo con muchas figuras como Antonio Ordóñez, Victoriano Valencia, Bienvenida, Litri, Miguel Mateo “Miguelín” o Francisco Núñez “Currillo”.

A la derecha detalle de la entrada de toros del día de la alternativa de Juan Antonio Romero en la plaza del Puerto de Sta María escrita por detrás por mi abuelo José el 26 de Agosto de 1956.


Juan Antonio Romero fallece a la edad de 42 años en Madrid victima de una inesperada enfermedad.

Desde sus comienzos, Juan Antonio Romero contó con una peña que lo acompañaba a todas partes y que aún perdura, constituyéndose en la decana de las existentes en Jerez. Y a ella perteció y le dedicó parte de su vida mi abuelo "Viruta".



Arriba el abuelo en el tendido de sol acompañado de mi tía Consuelo y su novio Pepe Ruiz en la feria de Jerez de Mayo de 1957.En la foto de abajo un año antes en la feria de la Vendimia.Mi abuelo a la izquierda de pie con camisa blanca arremangada junto a mi tía Consuelo sentada al lado de su novio.



Arriba detalle del abono de la temporada de 1961 a nombre de mi abuelo José.Abajo algunas entradas de la época tanto de la plaza de toros de Jerez y del Puerto como otras que se conservan de la ya desaparecida plaza de toros de Cádiz.






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Breve historia de la plaza de toros de Jerez:
Hace ya 115 años de la reinauguración del coso jerezano, de aquella tarde de 1894 en la que Guerrita y Bonarillo lidiaron seis toros de la ganadería del Marqués de Villamarta después de que los dos cosos fijos anteriores se cerraran por un incendio.
Tras el incendio de la segunda plaza fija de la ciudad, el Ayuntamiento, conocedor de la gran afición existente en la ciudad, pensó desde un primer momento y tomó el acuerdo de edificar urgentemente una nueva plaza, nombrando una comisión presidida por Fernando Simón de Grandallana.
Se discutieron varios lugares, entre ellos, unos muy amplios y convenientes en el paseo de Capuchinos, entre éste y la calle Santo Domingo, donde después estuvo instalado el vivero municipal y hoy el instituto Padre Luis Coloma que eran propiedad del Conde de los Andes y hasta se llegó a señalar el día en que había de colocarse la primera piedra, todo ello en base a un proyecto del arquitecto Francisco Hernández Rubio. Pero el proyecto no se llegó a realizar debido al elevado coste del mismo y lo económico del presupuesto fijado para las obras. La resolución definitiva fue levantarla en el mismo sitio donde estuvieron emplazadas las dos anteriores, aprovechando en su totalidad los muros de la precedente, por lo que conserva el mismo aspecto que la anterior, en terrenos propiedad de Manuel Bertemati.
Dirigió las obras el arquitecto Francisco Hernández Rubio, que duraron seis meses, trabajando 500 obreros de sol a sol. Para la construcción de esta plaza se constituyó una sociedad que se tituló “Compañía de la plaza de toros”, formada por 900 acciones de 250 pesetas cada una, con un total de 225.000 pesetas, no invirtiéndose en las obras toda la cantidad. Figuraba como presidente de la misma el duque de San Lorenzo, y formaban parte como vocales, entre otros, Toribio Revilla San Millán (alcalde), el marqués de Villamarta, Juan J. Velarde Beigbeder, Francisco Hernández Rubio y, como secretario, Julio González Hontoria.
A esta plaza, la que ahora conocemos, se le dotó de una contrabarrera de la que carecía la anterior, para lo cual se disminuyó el radio del redondel. La cabida oficial de la plaza el día de la inauguración era de 9.806 personas, aunque con el paso de los años este aforo se ha ido incrementando.
Al tendido se le dio mayor elevación de la que tenía la anterior, suprimiéndose los sillones antiguos y se colocó un balconaje de hierro que circunda toda la plaza. Una de las grandes mejoras introducidas en esta nueva plaza jerezana fue el abrir diez puertas más al exterior, lo que permitía desalojar en pocos minutos el local, al igual que se le dio más anchura a las escaleras.
Según cuentan las crónicas de la fecha, el coste total de la obra fue de 154.661,20 pesetas, mucho menos de lo presupuestado en un primer momento. Como detalle curioso, se gastaron en la construcción 110.000 kilos de hierro, traídos en bruto desde Bilbao.
El día de la inauguración, la entrada de sombra costó 4 pesetas y la de sol, 2, aumentándose a cada billete 10 céntimos del impuesto del sello móvil. Se vendieron 45.000 pesetas de entradas y la ganancia líquida del empresario fueron 4.500 duros. Presidieron la fiesta el entonces alcalde Toribio Revilla San Millán, el teniente de alcalde, Joaquín Mª Rivero González, el concejal Julio González Hontoria, el general de brigada jefe del Cantón, señor Aldama, y el secretario del Ayuntamiento, señor Vera.
La corrida inaugural consiguió llenar todas las localidades, aunque el resultado no fue el deseado por el público ni los toreros.
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lunes, 20 de octubre de 2008

Historia del abuelo "Viruta".Capítulo VIII.Los paseos de novios y el arte del pavoneo.

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Los paseos de novios y el arte del pavoneo.




Arriba mi tía Consuelo que siendo la mayor de las cuatro hermanas fué la primera en tener novio formal. Junto a su novio Pepe Ruiz y por la calle Corredera, acompañandolos como "carabina", la más pequeña de las cuatro...Merceditas (mi madre) camino de la Feria de 1951.


Hoy quiero recordar aquellos paseos de nuestros padres por el Jerez más señoreado.De cuando salir a pasear tenía un sentido y unas maneras y en cierto modo era una forma de pavonearse en ese difícil camino de la conquista amorosa.Hoy en día todo cortejo se ha perdido en estos lances del amor,pero antes todo tenía un tiempo y un compás.Las chicas jamás pedían una cita.Y los jóvenes galanes se las ingeniaban de mil y una formas para intentar sacar tan sólo un paseo con la niña de sus ojos y siempre claro está, junto a la moza, adjuntaban el paquete de la hermana pequeña, "carabina" humana de los posibles suegros mas intransigentes...




En la foto de arriba mi madre Mercedes (en medio) junto a dos amigas (Ani y Manoli) en la plaza del Arenal llamando la atención del mozo de traje claro junto a la fuente de Miguel Primo de Rivera en las fiestas de la vendimia de septiembre de 1956. En la foto de abajo un año antes Mercedes y dos amigas (Rosa "La Quili y Anita "la de Toribio") de vendimiadoras en las escalinatas de la antigua Colegiata durante la Pisá de la uva.Mi madre, recuerda como ése año rodaron el NODO, recogiendo las fiestas de la vendimia de 1955 y como fué en una semana varias veces al cine, para verse por la gran pantalla antes de ver "La Túnica Sagrada", en el Cine Villamarta.



El domingo era el día sagrado del estreno y del lucir como un pincel. Las tardes de la Alameda Vieja (dónde ponían algunos "cacharritos" y el "tíovivo"),de la Plaza del Arenal o de la propia calle Larga se convertían en testigos de ése particular carrusel de hembras en reunión seguidas de cerca de un nervioso grupo de perfumados muchachotes con chaquetas, algunas veces, fuera de talla por ser prestadas de un primo con reales...La mirada ocupaba el lugar de cualquier otro sentido y actitud.Las chicas se sentían enrojecer hasta explotar si se cruzaba la mirada con el muchacho deseado.Este tenía claro que comenzaba el ritual de "pelar la pava" en esas tardes que olían a garrapiñadas,altramuces ó a canela del señor de la esquina que cargaba con la ruleta de los barquillos...



En la instantánea superior mi tía Consuelo con su novio Pepe Ruiz a la izquierda. A la derecha mi tía Maruja junto a José Retamero y en medio mi tía Josefa luciendo el Viernes Santo de 1955.En la foto de abajo mi tía Josefa (a la izquierda del todo) junto a Consuelo (la segunda por la derecha) y otras amigas entre ellas Leonor y Paca , ésta última cuñada de mi tía Josefa en la Semana Santa de 1955.



Llegada la Semana Santa todos esperaban con ilusión esos días grandes de estreno y para muchos la madrugá que suponía estar hasta las claras cerca del chico ó chica esperando un café con churros en La Vega.En Jerez se inventó el arte del pavoneo porque en feria ya las mozas como hoy en día se reunían en grandes grupos para bailar sevillanas en las casetas, mientras los muchachos se las ingeniaban para sacarlas a pasear por la calle del infierno e invitarlas a las cunitas de Mariano.




En las fotos superiores durante la Feria de Mayo de 1957.A la izquierda mi tía Consuelo y Pepe Ruiz paseando por el Real cerca del templete de los jardines de la Rosaleda.A la derecha mi tía Maruja y Pepe Retamero en los "coches tropezones" (como los llamamos por Jerez).


Cuando al fin tras mucho pasear y de haber conseguido que la muchacha se hubiera fijado en tí,llegaba la hora de dar el paso crucial.No había que flaquear y tras un breve y fino piropo llegaba el momento de invitarla al cine a ver ése magnífico estreno del Teatro Villamarta dónde "Gene Kelly" y el "Sinatra" protagonizaban ésa fastuosa revista musical en tecnicolor titulada "Levando Anclas".Tocaba rascarse los bolsillos pues siempre era entrada y caramelos de menta para tres...


En el collage superior algunos recortes de programas del Cine-Teatro Villamarta de diferentes estrenos (Levando Anclas,El puente de Waterloo , Oro, amor y sangre entre otros).En el de abajo los estrenos musicales más reconocidos de la compañía de Lola Flores y Manolo Caracol (Zambra,Copla y Bandera ó Luna Gitana entre otros).Todos son del Cine-Teatro Villamarta entre los años 1944 y 1960.


Y así funcionaba hasta el reconocimiento oficial del noviazgo y de la petición de mano, algo que sólo ocurría tras un extenso noviazgo.Una vez que los suegros daban su visto bueno tras haber recabado una extensa información sobre el muchacho (que si de buena familia,de estudios,con trabajo bien remunerado ó de buenas referencias),el noviazgo se daba por reconocido y por consiguiente el ritual de ponerse manos a la obra en las cuestiones del ajuar de la novia...





En la foto de arriba mi abuelo José del brazo de mi madre.Al lado derecho Maruja y José Retamero.Al otro lado mi tío Juan.Todos juntos paseando por la calle Larga.Abajo en el grupo enchaquetado con el antiguo Cine Maravilla al fondo, mi abuelo junto a algunos compañeros de la carpintería , su hijo Juan a la derecha del todo con el brazo de su cuñado José Retamero sobre el hombro.Esta última foto tomada en 1958.




A partir de éste capítulo e intercalandolos con otros, iremos relatando sobre cada una de las parejas que se fueron formando en mi familia bajo la atenta supervisión de mi abuelo José y mi abuela Rosario.Desde mi tía mayor Consuelo con su novio Pepe Ruiz que falleció años después y con el cual nunca se llegó a casar a pesar de los casi 20 años de noviazgo, hasta mi tío "Pimpe" el menor de todos y su Tere del Cerrillo .Pasando claro está por Maruja y su Pepe, Josefa y Miguel , Juan y Juana y mi madre Mercedes y su Daniel (aquel muchacho resultón que conoció haciendo la mili en el cuartel de Tempul mientras hacía la instrucción en el descampado del barrio viejo de la Plata)...Así será hasta nuestros días...



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jueves, 11 de septiembre de 2008

Historia del abuelo "Viruta".Capítulo VII.Cartas desde la guerra.

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Cartas desde la guerra.

El siguiente capítulo está dedicado al hermano de mi abuelo y está extraído íntegramente de un artículo del Diario La Voz publicado el 4 de Noviembre del 2007 por la prima de mi madre Consuelo Sánchez Flores.Las cartas enviadas desde el frente a mi abuelo José de puño y letra de mi tío abuelo Juan, las hojeé durante muchos años en casa,pues fueron custodiadas celosamente por mi tía Consuelo hasta su muerte.Ahora y por justicia las guardan sus hijas.Recuerdo sus dibujos y entiendo que siempre fuimos una familia de dibujantes frustrados desde hace mucho.Difícilmente encontramos en los Sánchez alguno que no sepa empuñar un lápiz para dejar el papel lleno de trazos divertidos.Respecto a mi tío abuelo Juan siempre recordaré el relato que me contaba mi tía de cuando intentó abandonar el frente atándose fuertemente una venda con un garbanzo a la pierna para ulcerarsela y que lo mandaran a casa.Debió ser muy duro luchar sin convicción en una guerra entre hermanos y en una encrucijada cruel en la que la opción al abandono era el paredón...





En la foto superior Juan Sánchez Barrios desde Córdoba el 19 de Marzo del 39 un mes después de la victoria franquista en la que felicita por su santo a mi abuelo José.

Cartas desde la guerra.Diario La voz.

"La historia de Juan Sánchez Barrios se asemeja a la de muchos españoles que durante la Guerra Civil tuvieron que hacer de tripas corazón. Y es que si ya resulta bastante duro participar en una guerra, lo es más aún cuando no se comulga con la misma ideología y principios que el bando que recluyó a Juan. Un hecho que fue muy habitual desde 1936 hasta 1939 en España, cuando miles de personas se vieron obligadas a acatar las órdenes del bando nacionalista. Junto al lado republicano, en sus más fieles convicciones, se encontraba Juan Sánchez, y sin embargo se vio obligado a «salvaguardar la patria española» en el bando afín al régimen franquista.

No obstante, uniformados de soldados durante la noche todos eran hermanos, y es que «mi padre tuvo que luchar en la más feroz de todas las guerras, porque la civil es la peor de todas ya que tienen que enfrentarse entre hermanos», narra Consuelo Sánchez Flores, hija de Juan, que con recelo y nostalgia aún conserva esas cartas que desde el frente llegaban con cariño a cada miembro de la familia. Esas correspondencias que pese a la mala época de conflicto estaban impregnadas de buen humor y optimismo, para transmitir una visión con menos dureza de lo que en realidad Juan vivió en sus destinos como soldado del régimen.



Entre trinchera y trinchera, tras un cigarrillo y otro en las noches de calma, Juan echaba de menos a los suyos, a los mismos que animaba con curiosos dibujos que realizaba en cada carta. El desconcierto y desolación no le hicieron olvidar su tierra y su buen vino, y así lo plasmó, a modo de viñeta, carta tras carta. En ellas ironizaba su presencia, -y la de todos los soldados que no querían la guerra- en este conflicto bélico, echado en el suelo bebiendo directamente de una bota de vino de en la que inscribió «Viva el vino de Jerez».

Así era su correspondencia, y así la recibían sus familiares, unas misivas que no invitaban a las lágrimas. Sus noticias del frente mostraban su buen humor.



Todas y cada una de las cartas que Consuelo custodia con el máximo mimo y cuidado -al igual que su hermana Luci- por su valor sentimental comienzan con «¡Saludo a Franco! Arriba España. III Año Triunfal», encabezamiento necesario en los escritos para pasar la censura militar. En una de ellas, destinada a su madre, Juan cuenta: «En la trinchera a 10 de enero de 1938. Madre, ante todo, le deseo que se encuentre bien en compañía de mis hermanos. Yo estoy bien y con muchas ganas de verlos a todos, y esta carta es para que vea que me encuentro bien y tranquilo, con tiempo de sobra para escribir estas tonterías que yo se que a usted le sirven de alegría. Pues bien, cuando tengo tiempo así lo hago y como aquí en el frente empalmamos el día con la noche, pues hay tiempo de sobra para pensar en estas chirigotas. Aquí le mando mis tonterías para que paséis un rato a risa, ya que no puede ser otra cosa la que recibáis de Juanillo de Jerez. Viva el vino de mi tierra», culmina el escrito a su madre. Ésta es la idea que transmiten sus circulares -y acompañadas de simpáticos dibujos como a sus hijas y sobrinas vestidas de flamenca, a su esposa representada como una gitana de la buena ventura que está leyendo la mano, o a sus hermanos y amigos reunidos bebiendo vino, así como dibujaba a sus padres esperando la llegada del hijo que tienen en la guerra-, que hacían la espera más agradable.





En otra de las correspondencias que se conservan, dirigida a su hermano, narra lo triste que está por qué no podrá compartir con la familia las navidades, y les desea a todos «Felices Pascuas». En ella pide a su hermano que le mande vino de la tierra, «que lo cambio con los compañeros por cigarrillos, que en nuestra trinchera escasean». Es lo que fue la guerra para Juan Sánchez, intercambio de vino por cigarrillos con aquellos a los que al día siguiente debía estar frente a frente con su arma en alto. Le recuerda en esta carta que «pienso muchas veces cómo nos íbamos a beber un vinito a La Moderna con los demás, darle recuerdos a todos nuestros amigos con los que pasábamos las tardes, que los echo mucho de menos».

Entre estas cartas que Consuelo protege se encuentra el diario de guerra de su Juan. Comienza: «11 de Agosto cuando estaba en las trincheras de Villaharta, 13 de noviembre en Archidona, el 23 de febrero de 1939 en Antequera, el 6 de marzo en Alcalá la Real, 24 de marzo en Granada, del 28 al 31 de operaciones por Alcalá la Real», y así va desarrollando la información de todos los pueblos y ciudades por donde tuvo que permanecer en el frente. Entre estas descripciones cuenta cómo se escapó hacia Jerez el 22 de marzo, mientras espera un permiso para poder visitar a los suyos, pero pocos días después «ingresé el 15 de abril en los cuarteles de Cádiz, y el 1 de junio relevé en el penal de El Puerto de Santa María, y casi veinte días después se licenció en el Penal de la localidad vecina». Asimismo, culmina su diario aludiendo al lema militar más conocido: «Todo por la patria». Mucho miedo, y mucho orgullo acompañó a Juan para regresar a casa y volver a revivir los momentos con sus seres más allegados, pero eso sí, sin perder la sonrisa del rostro.

Estos escritos de guerra -como muchos otros- no hablan de éxitos, ni de muertes, ni de metas ni logros conseguidos, ni víctimas mortales en signo de trofeo, sólo tranquilizan a sus seres más queridos e intenta sacarle una sonrisilla a cada familiar.

«He leído las cartas una infinidad de veces, y no hay día que las lea que no me emocione y recuerde a mi padre», explica Consuelo. «Mi padre tuvo que luchar por un bando en el que no creía, y en los escritos se puede observar cómo la censura militar no dejaba contar nada, por eso mi padre se entretenía en hacer dibujos. No le permitían transmitirnos lo que realmente él hubiera contado. Como no creía en las mismas consignas que los militares franquistas tenía que disimular, y hacer creer que todo iba bien, por eso, sus cartas son tan optimistas», concluye.

Juan Sánchez Barrios regresó a su casa, con sus hijas, a las que no pudo estar presente en sus nacimientos, y con su esposa. Esa triste guerra quedó atrás, en el recuerdo. Un lugar al que sus hijas y nietos han podido acceder gracias a estos escritos elaborados desde el frente."
Texto entrecomillado y en cursiva extraído del artículo publicado por el Diario la Voz el 4/11/2007.




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